A esos viejos

Una parte de mí
 es un necio irresponsable que no valora la vida:
un real conchesumadre.
Un parte de mí es un egoísta hijo de las más grandes y prolíficas putas que han parido a tantos sicópatas y gobernantes genocidas.

Una parte de mí desea con fuerte vehemencia la muerte de los viejos.
Una parte de mí no quiere ser hipócrita
que me da lo mismo la muerte de la gente mierda que no comparte con humildes el deseo de que ese mundo mejore otro poco.

Y qué tanto,
si soy yo el que les compro los pasajes a la irrelevancia permanente
en el mundo imaginario de las palabras
con este grito en medio de la nada
con este desgarro asalariado
 sin salario e impotente
pues mi soledad es la soledad de todos los que desconocen su lugar en el mundo.

Una parte de mí piensa que estaría bien que murieran los viejos,
pero no mis viejos que ya se mueren de pena
o de hambre porque no les alcanza para lo mínimo,
sino que estaría bien la muerte de esos viejos que se jactan de que este mundo esta bien como lo dejaron los milicos, los ladrones, los apitutados carasderraja.

Estaría bien la muerte de esos viejos de mierda
que hoy acaparan los privilegios
que acaparan los dividendos,
que acaparan las tierras
que acaparan los negocios
que acaparan los sobornos
que acaparan la tecnología
que acaparan los algoritmos
que acaparan el poder
que acaparan el prestigio
Que ostentan la fama de haber construido un país próspero
de engendrar sin parir la abundancia, el derrame, el chorreo de los verdaderos dueños del mundo.

Una parte de mí odia esos viejos de mierda,
indiferentes del dolor humano
que ya lo vivieron todo,
lo comieron todo,
lo bailaron todo
mientras los demás sonreían con las migajas que caían,
hasta hoy
Y luego, esos viejos de mierda piden las gracias
o aplausos
por compartir lo que les sobra
o hacer el show para rendirles homenaje mientras el pais se desangra.

Una parte de mí
está paralizada de ira,
de confusión entre tanta mierda y datos y videos y memes,
está poseída de ferviente deseo fatal
como la de una primera vez que deseo mal a alguien,
o la segunda,
o la tercera,
que ya perdí la cuenta.

Tengo una angustia,
una pena, un llanto atrapado,
siento el dolor que sienten los otros viejos
esos que se suicidan porque su jubilación no tiene más júbilo que el sarcasmo
siento el dolor de vivir para comprar remedios
el de recordar como era la vida cuando el trabajo alcanzaba para vivir y llenarme la boca de dignidad y patria cuando podía hablar y me importaba
Siento el dolor de los ancianos que nunca planearon ser una carga.

Una gran parte de mí
quiere que mueran los viejos de mierda
Los Piñera, los Mañalich, los Larroulet,
los millonarios que no donan mascarillas ni respiradores,
los que celebran o van a bodas a repartir su indiferencia "que a mí no me toca",
los que rompen su cuarentena,
los que hacen cuarentena
y mandan a trabajar a sus nanas y sus dependientes,
los que disponen "éstas son actividades esenciales de la patria".

Viejos de mierda.
Quiero
que su hora les llegue.
Que sientan el temor de dios un día
Que sientan el peso de la espada y la pared
que les llegue su hora
Que sientan su día del juicio
Que comparezcan ante sí mismos, desnudos de sus propias mentiras,
Y contesten con verdad
Y que se haga justicia
Que al fin confiesen cuánto le deben a los que nada tienen
y que justo ahora,
desnudos como todos,
puedan perderlo todo
por no compartir nada.

Qué más quisiera, amigo mío.
Qué mas quisiera.

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