Lobos entre corderos
Hubieron una vez hermanos,
primos y sobrinos,
perdedores y abusados, que un día
emprendieron rumbo
lejos de nuestra pobreza.
Iban a ser respetados
Serían reconocidos con medallas
desfiles, paradas y actos importantes
de la nación y la patria
la ley y el orden
y el estado de derecho
Sí y sólo si resistían
la humillación y la falta de carácter
para convertirse en un cuerpo
que no era el suyo.
Ellos iban a tener armas
aprenderían a ser mejores hombres
aprenderían a ser mejores mujeres
protegerían al débil
ayudarían al desamparado
tendrían nobles misiones.
Pero llega el día en que se ponen uniforme...
y olvidan de dónde vienen
y hacia dónde vamos.
La presión es fuerte:
la guerra es ahora
(lo dijo el presidente)
¿Quién puede protegernos del caos
cuando el odio se vierte a dos bandas en la calle?
¿y la destrucción brota como las flores
y estalla como fuegos de artificio
en una fiesta masiva
de disconformidad épica?
Piensan que la ley no importa
si los palos los repartes
a los que tiran piedras.
"A esos rebeldes desalmados",
"esos delincuentes romantizados"
"esos civiles malagradecidos",
"las pagarán con sus ojos, su piel o su vida",
"se lo merecen por andar protestando",
"ellos son los malos"
"nosotros los buenos"
"todos contra nosotros"
"Nadie nos entiende".
"Los violentos son ellos", dicen
¿Los que gritan a piedrazos?
¿Los que sostienen carteles ingenuos?
¿Los que desafían el agua cáustica y las bombas lacrimógenas
con lágrimas de sangre
y sed de justicia
frente al tropel firme y sereno
con camorras y armaduras,
escudos, balines, motos,
guanacos, zorrillos, helicópteros
armamento de combate y la impunidad que la autoridad
les encomienda imponer orden?
"Nosotros también somos personas".
Los días de beber nunca se les acaban.
Deben beber para olvidar la pobreza
la triste carroza con sus harapos
el insufrible aroma de la colonia
la mediocre marraqueta
el parentesco con desgraciados
el olor a indignidad del rango.
Ellos eran como nosotros.
Eran pobres
eran rotos
eran felices
y lo único que poseían
era la esperanza de ser mejores.
Ahora son perros asesinos de su amo,
ese ente abstracto dirigido por el dinero y el poder
vestido con las ropas de la democracia
y el libremercado.
Otros no tienen amo,
sólo comen las uvas de la ira,
el sádico placer del poder en toda su furia,
cuál pirómano que goza la belleza del fuego arder.
Deben existir quienes sólo hacen su trabajo.
Deben estar también los que sólo obedecen ordenes.
Banalidad del mal en tierra de pícaros.
¿Quién sabe en verdad a quien sirven
en el traje con el color que a todos uniforma?
Sólo olvidaron de donde vienen
Olvidaron cuánto costó llevar la sopa a la boca
el pan a la mesa
el anillo a su esposa.
Olvidaron
Y se dejaron avasallar por el peso de la noche
Ahora que todos sabemos de dónde venimos
Y hacia qué futuro nos empeñamos
antes que la noche nos aplaste.
Tal vez un día vuelvan a nosotros
Tal vez un día quieran reconocerse entre nosotros
con derechos civiles y derecho a la vida
derecho a opinar y derecho a protestar
derecho a decidir y afrontar las consecuencias
sin perder un ojo o dos
o la vida,
con el dolor de ir y volver a la posta
con la pena de juntar plata
para una operación vital en un bingo
con la melancólica ironía
de tomar once alegre con el abuelo jubilado en la miseria.
Tal vez un día ya no deseen ser otros
Tal vez un día sepan ser ellos mismos
sin desear convertirse
en el señor de los anillos
o el oficial desalmado
corrupto hasta médula
gozando su cancillería diplomática
mientras el paco solitario cuida una garita en medio de la nada.
Tal vez un día vuelvan a nosotros
Tal vez un día gocen
el feliz reposo de los mansos
sin ánimo de defender el cuerpo
que no es el suyo,
sin la presion de la prensa y el rango
en el oasis latinoamericano
que nos han regalado
los dueños de Chile.
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