Me pesa el canto del que nace
Y del que no ha nacido.
Bebo del silencio aciago
De los que murieron callados
Esperando un premio
O su castigo.
Errores largos como el horizonte
Y la putrefacción de la indulgencia
Y la sarna de temores vetustos
Persisten en golpearme
En retornar cada año
Como grandes amigos.
Basta estar, para ser todo
Lo que otro no ha sido.
Y llorar con la mirada partida
al amor que se lepra
y la inútil existencia
de todo lo vivido.
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