Mano contra Fusil
Tu mano contra el fusil,
tu casco bordeando el marco de tus gruesos
lentes
la patria agónica entre la humareda,
oye tu último discurso,
compañero presidente.
En blanco y negro, el recuerdo,
tu voz perforada por la traición
la incredulidad del abandono
pero la sumisión al mandato de tu pueblo,
permanece en el eco inspirador
mientras Santiago se envilece,
compañero presidente.
La memoria suicida de tu sangre
es una farsa de los ignorantes,
en que los minutos de la agonía
fueron rematados sin honores.
Los perros hambrientos se comieron tu cadáver
quisieron convertirte en un cobarde
cuando el único corazón que no tenía
precio
era el tuyo.
El presagio de las amplias alamedas
para que transite el hombre libre,
aún espera que la historia sea nuestra.
Miro tu rostro acorralado por la historia.
Con el ruido de los aviones
en la mañana en que la república moría,
los trabajadores resistían
por la potencia de tu voz,
compañero presidente.
Resistían a puño y barricada
a mano y pata pelada
contra el fusil y el metal
contra gritos como ladridos
que llegaban a camiones, en caravana.
Su violento recuerdo invita a un nuevo
comienzo
con palabras y lágrimas que no piensen en
masacres
ni bombardeos
ni bandos
ni tropeles
hurgando la llaga democrática
del país libre y sereno
orgulloso y soberano
por rey jamás regida
pero a extranjeros dominios de mercado
sometida.
Tus amigos idealistas incompetentes
marcharon a la tercera vía sin culpa.
Sufrieron extrañando a la patria,
Otros cambiaron de origen
olvidando y sembrando olvido
para luego resucitarlo a memoriales
como los que sobrevivieron la culpa
como los que lamieron la bota
para no desaparecer con los otros,
mientras los valientes,
los tontos con el corazón más grande que
el miedo
(que
se comía todo)
perseguidos en las sombras del discurso
oficial
después de 40 años,
algunos los recuerdan sin gloria.
El pueblo compungido
comía olla común y pan de vicaría.
No hubo manifiesto que los protegiera ni
los consolara
No hubieron milicias
la épica de tu gesto salvador, Salvador
se perdió porque los mentirosos escribieron
la historia
Quedó en el secreto ese día.
Y la pobreza nos vino a hermanar a todos.
Los que lucharon ganaron
Pero también perdieron.
Siguen perdiendo
Chile proletario perdió su amor
O se hizo grande en el mundo,
muriendo.
Lo diezmaron a balas y toques de queda
Bandos, constituciones, democracia
tutelada.
Ese día, Chile también murió contigo.
Luego Víctor,
Neruda,
el anónimo disidente,
el desaparecido compañero
las noches de arrabal,
las reuniones sentimentales
en tiempos que los ismos se creían.
Y hubo regazos diplomáticos
que consolaron los exilios.
Todo empezó con la muerte de Schneider,
conspiradores
asesinos
Se atreven a llamarse salvadores:
milicos ignorantes
que se compraron el discurso del Dr. Strangelove.
Donde están los que sabían de democracia
Donde están lo que respetan a los civiles:
De seguro los mataron
y los hicieron desaparecer
Tu sacrificio fue en vano,
compañero Presidente.
Otros demagogos como tú,
pero malintencionados e ignorantes;
Otros burgueses como tú,
pero pesados y pedantes,
interesados y ambiciosos,
fueron vencidos o comprados,
se quedaron con la patria.
Y yo no sé qué hago
con el recuerdo y la humareda
que me carcome los ojos,
cada víspera y cada once de septiembre
mientras mi voz se quiebra pero tu voz
insiste
en la esperanza de que un día el hombre
libre
que un día mejores hombres
que un día las amplias alamedas...
Manos desnudas
contra fusiles cobardes
plumas contra espadas
no tuvieron poesía en su final.
La moneda siempre se quema
y mi corazón arde esperando
que la historia sea nuestra,
compañero presidente.

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